Tarongers nace del deseo de difuminar los límites entre la casa y el paisaje. Situado en una ladera de fuerte pendiente, el jardín se adapta a la topografía y desciende en distintos niveles, creando una secuencia de espacios que se descubren poco a poco y ofrecen nuevas perspectivas del entorno.
La vegetación envuelve los recorridos con una paleta de inspiración californiana adaptada al clima mediterráneo. Los tonos grises, azules y verdes suaves, las gramíneas y las especies escultóricas se mezclan con la vegetación existente para crear un paisaje exuberante, ligeramente silvestre y profundamente vinculado al lugar. La plantación se organiza en distintos estratos, desde árboles y arbustos estructurales hasta un tapiz continuo de gramíneas y plantas tapizantes que constituye la base del jardín.
La piedra, la madera, la tierra y la vegetación conforman una materialidad natural y noble, concebida para envejecer e integrarse progresivamente en el paisaje. La arquitectura, la plantación y la topografía dejan de percibirse como elementos separados para formar parte de una única composición.
Un jardín en el que perderse, donde, poco a poco, la casa se desvanece y el bosque se convierte en hogar.








